Ahora soy mamá

Como algunos de ustedes saben,y si no, les cuento... Me convertí en mamá el 29 de Octubre, tengo una pequeña mocosa que nació con color de puerquito y tan peluda como un pequeño chango que se llama Elisa y puedo decir, a manera del peor cliché escrito, que es la mejor experiencia que he tenido hasta este momento de mi vida...

Escribo esta entrada por que hoy encontré esta nota y me sentí sumamente identificada y quiero compartir con ustedes un poco de mi no experiencia amamantando, lo que es lo mismo, tener chichis que sólo funcionan como diversión y no como fuente de alimento... 

Yo sí quería amamantar, pero no lo hice... No lo hice no por elección propia sino por falta de información, paciencia y privacidad...

Cuando me hicieron la cesárea tuvieron que ponerme anestesia general, razón por la cuál, conocí a mi hija 6 horas después de su nacimiento, las enfermeras la habían alimentado ya con fórmula en biberón, cuando me la llevaron la niña había comido recién y claro, iba sin hambre. 

Mi esposo me llevó un tiraleche y por más que lo usaba, sólo lograba extraer 1 oz entre ambos pechos y eso ya con esfuerzo; las enfermeras me dijeron que tenía que "pegarme" a la niña para que bajara bien la leche... y eso hice y la leche nunca terminó de bajar, durante 1 mes entero me martiricé día y noche por estar hasta 1 hora con el tiraleche pegado sin que lograra producir más de 1 oz de cada lado y obvio, la niña se quedaba con hambre, cuando me la ponía al pecho las dos llorábamos y nos frustrábamos y nos enojábamos la una con la otra... y yo conmigo misma por que yo debería tener el instinto bien despierto y eso de amamantar se me debía dar natural, o eso me hacían pensar todas las de la Liga de la Leche y todos los artículos que leía en internet donde buscaba consuelo para mi problema.

Además, mis pezones están invertidos, así que me compré un producto súper novedoso que me aseguraba me corregiría el problema en tan solo 2 semanas, tuve durante ese tiempo los pezones siempre al alto vacío dentro de una pequeña pezonera que sellaba con una jeringa, sólo logré un gran dolor y ganas de que ni mi marido me las agarrara.

Pasé por diferentes remedios, bebía atole, agua de horchata de amaranto, cerveza, levadura, me plancharon y apalearon las chichis, me sobaron la espalda y nada me funcionó.

Elisa se había acostumbrado ya a tomar en biberón y yo con mis pezones invertidos, me resigné a que amamantar no sería para mi. 

Hablé con mi marido, entendió -o intentó entender- por lo que estaba pasando y en mi siguiente cita con la ginecóloga, al terminar la cuarentena, me dio un medicamento para cortar de una vez la producción (me preguntaba yo cuál producción, ya que esos últimos días ni una gota me salió).

Después de eso, pasaron días enteros en los que me sentí frustrada y mala madre, pensaba que mi hija no me querría, finalmente nunca tendríamos "ese lazo especial" del que todas las que amamantan hablan, ¿no? Pensaba que ese instinto con el que todas nacen me había fallado, que le había fallado a ella, que me había fallado a mi...

Hoy, 2 meses después de haber renunciado a la idea, cada vez que veo a una madre amamantando en público la admiro profundamente y voy superando las malas miradas cuando saco el biberón y empiezo a darle de comer en el centro comercial, comienzo a superar que critiquen, comienzo a superar los comentarios negativos que me hacen por ser mala madre y negarle lo que por derecho le corresponde y que la naturaleza tan sabia nos regaló a las dos.

Amo con toda el alma a mi hija y no creo que nuestro lazo, nuestro amor, nuestra relación dependa de si comió de la teta o del biberón...

Gracias infinitas Gabriela Tomassoni por esta nota, por darle un punto de vista tan objetivo y por hacerme sentir que no estoy sola ni que soy mala madre.

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